Recuerdos y predicciones

De pura casualidad, he encontrado una bitácora de Blogspot que abandoné a finales de 2005 (entonces tenía 21 años, ¡cómo pasa el tiempo!). Ciertamente, resulta curioso reencontrarse con le pasaba por la cabeza a uno en tiempos pretéritos. Entre las entradas que publiqué, que debo reconocer que no fueron muchas, hay una que me hace especial gracia. Trata sobre la burbuja inmobiliaria alrededor de un año antes de que explotara, por lo que he decidido rescatarla:

Política/Sociedad: Inversión inmobiliaria, un fraude legal

Mucho se ha hablado sobre el precio de la vivienda. Las viviendas de protección oficial, las “actuaciones”, los pisos de 30 metros cuadrados. Pero, esta vez, hablemos directamente sobre el propio negocio inmobiliario.

Veamos, un individuo adquiere un inmueble por una cantidad, y en un tiempo determinado la vende tal y como la compró, sacando un beneficio considerable de dicha operación. Pero para la obtención de ese beneficio, dicho individuo no ha producido, no ha generado nada. No ha utilizado mano de obra (o en todo caso mínima, haciendo un esfuerzo por incluir en este aspecto a las agencias inmobiliarias) ni ha comprado material alguno. El único beneficio que ha devuelto a la comunidad es el correspondiente a los impuestos y canones apropiados, una mínima parte.

Así pues, obtenemos un beneficio que nace de una producción nula. Por tanto, en última instancia, alguien debe sufragar ese gasto. Y creo que es evidente sobre quién recae dicha carga: los jóvenes en busca de su primera vivienda. Pagamos (pagaremos) a lo largo de nuestra vida los réditos obtenidos por los especuladores, mediante unas hipotecas que parecen cadenas perpetuas. Por supuesto los bancos están encantados de tomar parte en este banquete en el que los más pobres pagamos la cuenta.

Por otra parte, se está estirando mucho de una cuerda, que puede terminar de romperse. El equilibrio entre el poder adquisitivo de los nuevos compradores, y el precio de la vivienda agoniza. Los bancos flexibilizan cada día más la concesión de hipotecas para que el convite no cese (ya hemos dichos que son nuestros comensales, y además tienen un gran apetito), pero puede llegar un momento en que sea imposible financiar unos precios tan altos con unas nóminas tan escasas. Entonces, ¿el problema se solucionará por sí solo? No me atrevería a afirmar tal cosa. En ocasiones, cuando la tendencia del precio de la viviendia está a la baja, pueden producirse situaciones de bloqueo, en las que los especuladores prefieren no vender a perder la inversión. En cualquier caso, y mientras llega ese supuesto, se siguen firmando condenas perpetuas en forma de hipotecas cada día.

Un fraude económico del que miles de jóvenes, han sido, son y seremos víctimas, con la única esperanza (algunos) de aliviar nuestro peso pasando la carga a la siguiente generación de jóvenes.

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