Democracia representativa dinámica: una idea en bruto

Se suele decir que la democracia (haciendo alusión a la democracia representativa) es el menos malo de los sistemas políticos que ha puesto a prueba la humanidad. La situación actual ha evidenciado que lo de “menos malo”, ha pasado de ser un apelativo cariñoso, a un inmerecido piropo. El desgaste de este sistema es cada día más evidente. Y la reciente demostración que ha llevado a cabo el PP de que es posible ganar unas elecciones diciendo “blanco”, para luego gobernar haciendo “negro”, es un achaque más de esta moribunda democracia.

Desde hace algún tiempo existen propuestas como E-Democracy, que pretenden el uso de las tecnologías de la información para implementar alguna variante de democracia directa. Pero lo cierto es que, al menos hasta el momento, ninguna de ellas ha tenido un grado de apoyo relevante. Las razones pueden ser variadas, pero muchos, entre los que me incluyo, vemos poco factible la idea de que los ciudadanos tengamos que votar todas y cada una de las propuestas llevadas a los distintos órganos, tal y como proponen las variantes más radicales de este sistema.

Por otra parte, si apostamos por una alternativa parcial, en el que sólo se someta a votación una parte de las deciciones, tendríamos un doble problema: mantener vivo el actual modelo de democracia representativa, y a su vez buscar un sistema para determinar qué se vota de forma directa, y qué se delega en los representantes. Este modelo, a primera vista, introduce más problemas de los que resuelve.

Pero, tal vez, en un punto intermedio entre ambos sistemas exista una solución razonable. Tomemos la idea de que existe la tecnología para celebrar elecciones de forma rápida, segura y barata. Esto elimina la barrera que impide incrementar la frecuencia de las mismas. ¿Y si en lugar de para votar las propuestas, usamos este sistema para subscribir o retirar nuestro apoyo a un candidato siempre que queramos.

Esta idea es similar, aunque más conservadora y simple que la democracia líquida. Analicémosla con más detalle:

Prerrequisitos

En el modelo actual, los partidos políticos tienen demasiado peso. Practican el corporativismo sin complejos, tienen intereses propios ajenos a su militancia, defienden a sus protegidos y vigilan que sus nuevos candidatos sean afines a línea marcada por la dirección del partido. En este momento, es posible dirigir el país sin pisar el Congreso, desde un despacho de las calles Génova o Ferraz.

Para que la democracia representativa dinámica sea efectiva, es necesario que los ciudadanos podamos subscribir directamente el apoyo a un candidato, y que éste responda directamente antes sus representados. Y cuando digo responda, lo digo de forma literal. Para poder preservar el apoyo, se verá obligado a prestar atención a la gente. Habrá quien se sirva de las herramientas tradicionales y tenga un equipo de comunicación y los medios de masas a su servicio. Pero también habrá quien pueda lograr un seguimiento, si no igual, al menos sí suficiente, atendiendo directamente las redes sociales y el correo electrónico. Y con el tiempo, la ventaja se situará del lado de éste último.

A su vez, para la elección de los representantes nacionales, es necesario reemplazar la Ley D’Hont por un sistema de estimación directa con circunscripción única.

Características generales del modelo

– Los ciudadanos tendremos a la posibilidad de entregar nuestro a apoyo a un número determinado de representantes, tanto a nivel local, como autonómico y estatal. Podremos verificar y modificar la distribución de dichos apoyos en cualquier momento, haciendo uso de un sistema electrónico.

– Los candidatos registrados, podrán hacer un seguimiento diario del número de apoyos adscritos, así como de la evolución de los mismo.

– Cada cierto intervalo de tiempo (tal vez entre tres y seis meses) se congelarán los apoyos durante uno o más días, y se reconstituirán los órganos de representación de acuerdo a la disposición de dichos apoyos.

– El gobierno se constituirá de la forma tradicional, cada cuatro años y con los votos de los representantes en el Congreso, pero sin necesidad de organizar elecciones para la ocasión. En su lugar, se hará coincidir con alguna iteración del evento comentado en el punto anterior. Obviamente, un gobierno impopular perderá rápidamente el control de las cámaras, aunque seguirá en el ejecutivo.

Características técnicas del modelo

– Para que los ciudadanos podamos verificar nuestros apoyos (lo que, a su vez, sirve como mecanismo para prevenir el fraude), la distribución de los mismos será privada, pero no anónima.

– Para el propósito expuesto en el punto anterior, los ciudadanos tendremos a nuestra disposición, al menos, dos sistemas electrónicos independientes. Una buena opción para ello, posiblemente, sería usar un portal web con autenticación mediante DNI electrónico, y un IVR para móviles (registrando previamente el terminal en una oficina puesta para tal efecto). Este último, además, haría posible que la solución fuera prácticamente universal.

– Los datos fríos estarán protegidos por un cifrado simétrico, cuya clave estará en posesión de agentes técnicos judiciales.

– El hardware estará provisto de mecanismos anti-tampering, y correrá exclusivamente Software Libre (incluídas las aplicaciones diseñadas específicamente para el sistema de voto electrónico). Cada capa de la arquitectura será gestionada de forma independiente, por equipos de organismos o empresas sin relación entre sí.

– Peritos técnicos de partidos políticos y universidades, previo aviso, podrán inspeccionar cualquiera de los sistemas involucrados en el entorno, bajo la supervisión del personal encargado del mantenimiento del mismo.

Una idea que todavía debe ser pulida

Ésta es la teoría básica que podría fundamentar un modelo como el descrito, una democracia representativa dinámica. Obviamente hay muchos aspectos que he pasado por alto, en parte por falta de tiempo, y también por desconocimiento. Si algún especialista en ciencias políticas desea ahondar en profundidad sobre este asunto, puede contar con todo el apoyo y la ayuda que me sea posible brindarle.

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