El principio de los tiempos

PUBLISHED ON OCT 26, 2009 — BLOG

Fulianito tenía un plan. Le daba vueltas una y otra vez a la frase que cambiaría su vida: ”(…) un número infinito de monos tecleando sobre un número infinito de máquinas de escribir por tiempo infinito, producirían la mejor novela de la Historia (…)”.

No recordaba absolutamente nada del contexto, ni siquiera sabía con seguridad dónde la había escuchado, pero poco le importaba. Ahora estaba ocupado analizando los pormenores de los pasos que debía dar. En primer lugar, no le gustaba la idea de producir novelas, de hecho, él mismo aborrecía los libros. ¿Quién podría pagar por leer algo, cuando todas las historias que merecían la pena se proyectaban en los cines? Así pues, decidió que sus monos producirían algo mucho más cool, más vendible y, sobretodo, menos tangible: software para computadoras. No sabía muy buen en qué consistía el proceso de creación del mismo, ni tampoco tenía claro cómo comercializarlo, pero había algo que sí sabía con certeza: algunas personas habían ganado mucho dinero con él.

Una vez tomada esta decisión, necesitaba conseguir un número infinito de monos, y ahí se presentaba la primera dificultad evidente que debía afrontar… ¿Qué raza de monos elegiría para su proyecto? Había leído en alguna parte que ciertas especies eran muy violentas y poco disciplinadas. Luego estaba el problema de la alimentación y la limpieza, ya que por lo visto los monos no eran capaces de conseguir su propia comida fuera de su hábitat natural (por unos instantes se planteó montar la oficina en medio de la selva, pero desechó la idea con rapidez), y tampoco son muy dados a cuidar su higiene.

Pero, ¿qué especie de mono podría encontrar que fuera dócil, razonablemente limpia y fuera capaz de buscar su propia comida en la ciudad? Y entonces le vino a la cabeza: el becario. El becario es el primer caso conocido de involución, o evolución inversa. No estamos hablando del becario temporal, el que lo es durante un tiempo limitado por necesidades de trabajo, sino al de pura cepa, el que lo es toda su vida, aunque ni él mismo se dé cuenta. Originalmente homo sapiens, el becario, como forma de supervivencia, se adaptó a un entorno altamente competitivo convirtiéndose en el equivalente humano de un mono de feria; siempre feliz y contento (al menos en apariencia), a las órdenes de su maestro.

Pero apenas había solventado ésta, su primera gran dificultad, Fulanito se dió de bruces con el problema que estuvo a punto de dar al traste con su proyecto. Cuando solicitó a la agencia gubernamental de trabajo un número infinito de becarios ridículamente pagados, ésta le dijo que no era posible. El motivo que adujeron le pareció sumanente peregrino; la casilla en la que se indicaba el número de personas solicitadas para la oferta sólo admitía números naturales, de tal forma que era imposible especificar “infinito”, ni como palabra ni con su equivalente algebráico.

Maldito gobierno, incapaz de hacer nada bien, siempre poniendo trabas en el camino del emprendedor. Pero no a él, Fulanito no dejaría que la futilidad de la administración pública tumbara su proyecto. Así pues, decidió cambiar su oferta y solicitar 100 becarios, que también son un buen montón.

Ahora precisaba de una forma de cuantificar el trabajo de sus mon… de sus becarios, con la intención de facturar a sus clientes en unidades concretas. Como él sabía que todos sus empleados producían la misma cantidad de código con idéntica calidad, decidió establecer una unidad estándar llamada hombre/mes (inicialmente pensó en llamarlo mono/mes, pero la primera resulta más comercial). Y para asegurarse de que el trabajo salía bien, seleccionó una metodología de desarrollo de software, utilizando un sofisticadísimo método basado en contar el número de páginas necesarias para describirla (en realidad es un método tan válido como cualquier otro, al fin y al cabo todas son la misma mierda). Posteriormente, Fulanito patentaría este método como Weight Revision System. O, en otras palabras, selección al peso.

Su proyecto estaba casi completo, pero necesitaba a alguien que pusiera orden en el gallinero. Así pues, seleccionó a los monos (a estas alturas Fulanito sabía de sobra que sus monos iban a ser becarios, pero por algún motivo se sentía más cómodo llamándolos así) más fuertes (que no a los más listos) y los puso al mando. Adicionalmente, y para motivar a todos sus empleados, contrató a un grupo de infrahumanos (hay quien los vincula con algun subespecie de troll) armados con látigos. Habían nacido los Gestores de Proyecto y el departamento de Recursos Humanos, respectivamente. Finalmente, en el séptimo día, Fulanito miró a su obra, y vió que lo que había hecho era bueno (o, al menos, rentable).

Y así, queridos niños, es como nació la primera Consultora de Software.